martes, 1 de marzo de 2011

Oír el acento argentino...

Ayer fui al consulado argentino en Nueva York a gestionar mi pasaporte para viajar a Argentina a fines de marzo. Era un día frío y lluvioso. Mi capucha no me dejaba ver el paisaje de la ciudad en su totalidad. De repente veo la bandera argentina saliendo de uno de los edificios, mi corazón pegó un salto. Apuré el paso y efectivamente era el edificio del consulado. Cuando entré me recibió el rostro amable y sonriente de una señora con acento provinciano (parecía entrerriano). ¡Qué lindo fue esuchar ese acento! Cuando caminé a la próxima ventanilla, un acento porteño y una manera de actuar tan propia de los argentinos que me hacía sentir en casa. Me es difícil poner en palabras lo bien que me sentí. Ese día regresé contento, todavía no comenzó mi viaje pero, ya casi... estuve en Argentina.

Algo parecido ocurre cuando nos reunimos con otros cristianos. Hablan un lenguaje parecido al del cielo. Se refieren a cosas similares. Tienen intereses eternos que tienen que ver con nuestra tierra prometida. Estar con otros cristianos es como tener un adelanto del cielo. Es una preparación para nuestro gran viaje. Es casi... estar en el cielo.

Dios les bendiga...

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