domingo, 1 de mayo de 2011

Help@work

 por Helen M. Mitchel
(trad. Daniel Martin)
“…Dios, nuestro Padre sabe lo que ustedes necesitan, aún antes de que se lo pidan.” (Mt. 6:8)
Estuve despierto toda la noche trabajando en un proyecto para la mañana.Yo y mi familia estabamos en una temporada larga y difícil y sentía el peso de la vida y la frustración por la falta de progreso en la vida.
Mientras mi esposo y yo nos juntamos por la mañana para orar por nuestro día y nuestra familia, mi cabeza me dolía por falta de sueño y todo lo que se me ocurría para orar era: "Señor, tú sabes nuestra situación. Tú sabes nuestras necesidades mejor que nadie. Pedimos ayuda. Pedimos que se haga tu voluntad a través de las personas que vas a enviar a nosotros".
Antes de llegar a mi cita, recibí un correo electrónico de una amiga. Yo no la había visto en años, pero recientemente nos reconectamos mientras compartíamos una taza de café. En su correo electrónico se limitó a decir que quería traernos la cena de esa noche. Sí, eso era lo que necesitábamos.
Dios la envió para que nos ayude en nuestro tiempo de necesidad. Pero la realidad es que el plan ya estaba en marcha antes de que nosotros pidiéramos. Ella ya había decidido traernos la cena y lo había hecho la noche antes de que oramos por la ayuda de Dios. “...Dios, nuestro Padre sabe lo que ustedes necesitan, aún antes de que se lo pidan.” (Mateo 6:8)
Tendemos a buscar a Dios cuando la respuesta a una situación se nos escapa, como al determinar si tenemos un modelo de negocio viable o cómo arreglarnos con una mayor carga de trabajo después del último despido o cómo ganar dinero en un mercado con menor cantidad de clientes y de rentabilidad. Buscar al Señor en asuntos en los que ya tenemos las cosas bajo control, puede ser más difícil porque no se siente natural. A todos nos pasó alguna vez que tomamos decisiones, que parecían tan buenas en el momento de tomarlas pero, al final, descubrimos que no fueron buenas ideas.
Tal vez nos enseñaron cuando niños que debemos ser autosuficientes y que todo depende de nosotros. O tal vez a causa de nuestra competencia y capacidad somos autosuficientes y confiados. O tal vez esperamos tenerlo todo bien planeado antes de ofrecer una idea o pedir ayuda a alguien.
Fuimos diseñados para trabajar en comunidad con otros y con el Señor:
1. No intentes resolverlo todo por tí mismo.
Porque en Cristo están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento (Col. 2:2-3) y “...gracias a Dios que en Cristo siempre nos lleva triunfantes y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento. (2 Cor. 2:14). Dios es el autor de toda la creatividad y la innovación (Génesis 1:1).
Dios se opone a los orgullosos, pero brinda su ayuda a los humildes (Stgo. 4:6) y “...Nuestro Dios ama la justicia y quiere demostrarles cuanto los ama.” (Is. 30:18).
La verdad, 'más valen dos que uno', porque sacan más provecho de lo que hacen.” (Ecl. 4:9).
2. Pide ayuda.
La tierra y todo lo que hay en ella, incluyendo tu trabajo, le pertenece al Señor (Deut. 10:14), no hay nada fuera de su cuidado o preocupación (Mt. 10:30). Así que oren siempre y den gracias en toda circunstancia (1 Tes. 5:17-18). Para seguir la dirección del Señor en el trabajo, debemos escucharle, conocer su voz y luego seguirlo (Juan 10:27).
3. Busca a quien ayudar.
Al igual que mi amigo, usted puede ser el que ayuda a su compañero de trabajo. El Señor investiga el corazón y examina la mente, (Jer. 17:10) asi que pidele que te guíe a quien ayudar el día de hoy. Según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, especialmente a aquellos que pertenecen a la familia de la fe. (Gál. 6:10)
El Señor es bueno a los que esperan en él, a quienes lo buscan; (Lam. 3:25) 
UNA ORACIÓN PARA EL TRABAJO:

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Querido Señor, por favor, perdóname por las veces que ni siquiera he pensado en ti durante mi jornada de trabajo. Muéstrame tu voluntad para mí en el trabajo y cómo puedo representarte ante mis compañeros. Amén.

Hasta la próxima semana ...

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